BILLY NOMATES

El último año y medio ha sido un periodo de extremos para Tor Maries, la compositora, productora y multiinstrumentista de Bristol conocida como Billy Nomates. Tras la gira de su celebrado álbum CACTI (2023), la artista vivió un momento especialmente duro cuando su actuación en Glastonbury recibió una oleada de comentarios misóginos en redes, suficientes para que pidiera retirar el vídeo. Sin embargo, aquel episodio era solo una mínima parte de lo que realmente estaba atravesando en su vida personal y profesional.

Durante ese tiempo, Maries decidió empezar a autogestionarse, transformar Billy Nomates de proyecto solista a una formación en banda, y enfrentarse además al deterioro de salud de su padre, diagnosticado hacía años y finalmente ingresado en una residencia debido al avance del Parkinson. Su fallecimiento en julio del año siguiente llegó como un golpe devastador mientras ella trabajaba en lo que sería su tercer álbum, Metalhorse. Pero, paradójicamente, ese proceso de pérdida y caos terminó impulsándola a crear su obra más ambiciosa y querida hasta la fecha. “Cada dos meses pasaba algo enorme: mágico o terrible”, recuerda. “Lo que busco ahora es algo a medio camino.”

Metalhorse, producido por James Trevacsus y grabado en el estudio Paco Loco en Sevilla, es el primer disco de Billy Nomates creado en un estudio profesional y con banda completa. En él participan la bajista Mandy Clarke y el baterista Liam Chapman, habituales de su directo. La banda llegó al estudio apenas tres meses después de la muerte del padre de Maries. Su vínculo musical con él –escuchar juntos maquetas, celebrar logros, compartir la misma pasión– hizo que ese proceso fuera emocionalmente intenso. Para complicarlo más, el primer día de grabación Mandy tuvo que regresar urgentemente a Reino Unido tras recibir una noticia familiar dura. El disco comenzó, pues, con la ausencia del bajo, que Clarke grabaría semanas después en Bristol.

Lejos de paralizar la grabación, esa ausencia alteró positivamente el rumbo del álbum. Maries había maquetado casi todo –excepto los temas “Strange Gift”, escrito en una sola noche en Sevilla, y “Comedic Timing”, rescatado de hace cinco años–, pero el no contar con el bajo en el estudio abrió la puerta a una experimentación inesperada. Ella, que suele construir cada pieza a partir de la base rítmica, vio cómo el espacio vacío obligaba a reconsiderar texturas, añadir elementos poco convencionales y replantear el sonido general del disco. El resultado fue un trabajo más amplio y atmosférico, incorporando blues, folk, piano, electrónica punzante y paisajes sonoros poco ortodoxos, todo sin perder la identidad punzante de Billy Nomates.

El álbum es un concepto inspirado en la imagen de una feria decadente, un espacio que simboliza la volatilidad de la vida: riesgo y diversión, peligro y entusiasmo. Más que describirlo en las letras, Maries deja que el sonido construya ese universo: máquinas tragaperras en “Nothing Worth Winnin”, risas enlatadas en “Comedic Timing”, vapor y motores en otros cortes, y un uso fascinante del altavoz Leslie para crear una sensación de mareo hipnótico, como un viaje circular sin fin.

Las canciones reflexionan sobre navegar la industria musical, sobre resistir cuando todo empuja a abandonar, sobre descubrir verdades incómodas o aceptar cambios inevitables. Hay furia, frustración, ternura y un humor oscuro que suaviza algunos golpes.

Uno de los momentos más sorprendentes del disco es la colaboración con Hugh Cornwell (The Stranglers) en “Dark Horse Friend”, surgida casi de forma milagrosa: apareció en el estudio al día siguiente de mencionarlo como referencia vocal. Para Maries, cuya infancia estuvo marcada por la música que su padre le enseñó –incluido el repertorio de The Stranglers–, fue un momento profundamente emocional.

El single principal, “The Test”, encapsula el espíritu de Metalhorse: la sensación de sobrevivir contra todo pronóstico, como si fuerzas invisibles la empujaran a continuar. Porque, pese a las pérdidas, la incertidumbre y un reciente diagnóstico de esclerosis múltiple, Maries encuentra en este disco un equilibrio entre oscuridad y luz, entre lo devastador y lo esperanzador.

Metalhorse es, en última instancia, una invitación a encontrar tu propia feria: ese lugar donde la vida puede ser un vértigo, pero donde aún brillan las luces.

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